 Homeless Bienvenidos al combate
Recién estrenada, la colección Versus de Tumbona Ediciones acaba de lanzar dos títulos: Contra la alegría de vivir, de Phillip Lopate (Nueva York, 1943), y Contra la originalidad, de Jonathan Lethem (Nueva York, 1964). Dirigida por Julián Etienne y Pablo Duarte, Versus, además de llenar un escandaloso vacío en la llamada literatura de queja, “se propone reivindicar las pequeñas discrepancias y las opiniones insalvables que sacan de quicio, describen nuestras manías y terminan por caracterizar nuestra personalidad”, dice la contratapa.
De pequeñas dimensiones, el ejemplar de Lopate es una joyita del diseño: sencilla y golpeadora. La portada está hecha a la usanza de los viejos carteles de box, a dos tintas (rojo y negro), y con los títulos del autor y la obra en rótulos grandes, como diciendo (y de hecho lo dice): Señoras y señores, en esta esquina, ¡el escritor! En esta otra, ¡el hedonismo! ¡Aplausos! Entonces, se oye la voz seductora de una mujer anónima, como en un programa radiofónico, quien comenta: el presente libro es una animada perorata contra la presunción del saber vivir, contra la pantomima de estar disfrutando el aquí y el ahora. Con ustedes, traído de Norteamérica, ¡nuestro ensayista! Y sube al cuadrilátero Phillip Lopate, con un guante de box en la mano derecha y bocadillos de caviar en la izquierda.
Bordeando la narrativa, el ensayo refiere varias anécdotas que llevaron al autor a cuestionar la vehemencia por el disfrute de la vida. El combate dura unas cincuenta páginas. Lopate describe sus encuentros con un marinero septuagenario de nombre Vartas, que tenía un barco, pintaba “felices liencitos”, bailaba con música de los Grateful Dead y estaba rodeado de tres Gracias bellísimas: “tres hermosas jóvenes con los hombros descubiertos que vestían pantaloncillos blancos de piyama, cada una de largos cabellos rubios que caían sobre un top azul cielo.” Imaginen el resto. No, eso no.
A continuación, el autor analiza los resortes sociales del convite y su experiencia como un participante de ellos, ya que “aunque a la manera de un modélico socialista soviético me horrorizo en el cine al contemplar escenas de capitalistas prerrevolucionarios atascándose de caviar, me sumo sin chistar a estos últimos.” Esta parte del libro hace pensar en Tala, del austriaco Thomas Bernhard. Sin embargo, el tono del neoyorkino es otra cosa. Lopate no es brutal ni histérico como Bernhard, sino simplemente el hombre más sensato del mundo describiendo lo que le disgusta o le parece incómodo. Sus ideas apuntan hacia la crítica del refinamiento excesivo en la mesa, la superficialidad de las conversaciones y la apariencia de bienestar a la que se ven sometidos los comensales. “La conversación en los convites es de un calibre mental entumecedor”, declara. “Ninguna discusión de un rigor que clarifique –sea política, espiritual, artística o financiera– puede ocurrir en un contexto donde cualquier convicción ferviente está mal vista, y el deseo de seguir el curso de una secuencia de ideas cede todo el tiempo al revoloteo despreocupado e impresionista entre un tema y otro.”
La mejor secuencia del combate, o que yo considero de mayor salvajismo, ocurre cuando el boxeador asocia el joie de vivrismo con la depresión. Es para grabarla y verla horas seguidas. Y ofrece un testimonio irrebatible al contar la historia de un hombre divorciado y deprimido a quien conoció, que aprovechaba la menor oportunidad para tratar de convencerlo de que era realmente feliz. “Cada vez que nos encontrábamos me decía que su vida se estaba poniendo mejor y mejor. Ahora podía correr distancias largas, retacaba su sistema de comida nutritiva, estaba más en forma a los cuarenta que a los veinticinco, conseguía citas, salía con tres mujeres diferentes, encontró un buen terapeuta y tenía ganas de rentar este verano un bungalow en un bosque mejor al del verano pasado… No sé si era su tono de voz cuando me decía todo aquello, sus hombros caídos u otra cosa, pero yo siempre tenía ganas de estallar en llanto.” Por esta clase de testimonios, leer se transforma en un acto sublime.
Para no hacer largo el cuento, finalmente Lopate recapitula sus conquistas en el terreno erótico, primero con su esposa, cuando era joven, y luego con muchas mujeres más, en una comunidad hippie. Hacer el amor, round final del ensayo, recompensa al lector por la sinceridad y el entusiasmo, pero también por el realismo y el sentido común. ¿La alegría de vivir se halla en el placer que producen experiencias como el sexo? Lopate cree que sí. “El apetito carnal que sobreviene en tales momentos, y el placer que le sigue cuando por fin es satisfecho, me parece tan justo que siempre he pensado haber caído en un estado bendito de gracia. Que no pueda durar para siempre, que se trata de un truco de la mente y la sangre, son rumores que aparto de la vista.”
La verdad: este primer combate, breve y entretenido, se lee en un par de horas. Y para ser completamente francos, se disfruta al doble con la segunda revisión, igual que el sexo.
Contra la alegría de vivir Phillip Lopate Tumbona-CONACULTA-FONCA, colección Versus, 2008
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