 Homeless Sin ropa
Með suð í eyrum við spilum endalaust, quinto álbum de la banda islandesa Sigur Rós, se lanzó el pasado 23 de junio. La portada pertenece a la exposición recientemente inaugurada del fotógrafo neoyorkino Ryan Mcginley, I know where the summer goes, y muestra a cuatro personas de espaldas, desnudas, corriendo hacia la pradera. O mejor: el espíritu suelto de los cuatro integrantes del grupo.
Producido por Flood y Sigur Rós, el nuevo material empuja hacia los paisajes y el contexto geográfico de Heima, filme que salió el año pasado en el que la banda es entrevistada y grabada durante los conciertos que ofreció gratuitamente en su país natal, la República de Islandia. Con una duración de 55:36 minutos, Með… se grabó entre los meses de enero y abril del 2008, contó con el apoyo de Amina en las cuerdas y está integrado por 11 tracks. Su estructura, parecida a la del Takk (2005), transmite emociones de ímpetu, euforia, optimismo, y luego placidez, calma, pureza; las melodías van subiendo de intensidad, luego bajan, y así hasta la culminación, que, sin duda, es fantástica: Ára bátur, grabada en una sola sesión con la London Sinfonietta y el London Oratory Boy’s Choir. Noventa personas en escena tocando y cantando simultáneamente. El mayor logro del grupo, según declararon.
Por otra parte, Með… incluye temas al piano que por el acento introspectivo y la melancolía vocal remiten al ( ) (2002). En esta ocasión, lo que marca una diferencia con sus anteriores trabajos es que la banda no “pulió” excesivamente su sonido. Y la fotografía de Mcginley, así como el video del primer sencillo, Gobbledigook, dirigido por Arny & Kinski, dan las razones: los islandeses procuraron desnudarse, quitarse de encima la ropa, y correr libremente. Sigur Rós recrea el campo abierto, la vegetación, los cielos azules, el agua, las bocas sonrientes. Cada himno es interpretado como el trazo a mano en el diseño de la caja, con espontaneidad, con la confianza de los adolescentes bajo el embrujo de la vida, del amor, de la locura. En Islandia, fantasía y belleza son hermanos gemelos. El título del disco, en español, quiere decir simplemente: Con un zumbido en los oídos tocamos sin parar. Uno espera que sea así.
Gobbledigook es la entrada a un rito de iniciación frenético y divertido: extraña en su composición tribal, con arreglos en las percusiones, le abre los brazos a Inní mér syngur vitleysingur (Dentro de mí canta un lunático), donde el ritmo se regulariza. Ya en la balada Góðan daginn, los ánimos se han calmado y la voz de Jónsi marcha pacíficamente a Við spilum endalaust (Tocamos sin parar) y Festival, ambas con un estilo en la instrumentación muy del Takk. Festival, de sonidos magnánimos, cierra con un guiño juguetón, un chiflido melodioso, y llega Suð í eyrum, que funge como preview mesurado a la máxima pieza del disco: Ára bátur (Barca). Detengámonos un momento. La voz de Jónsi al piano gradualmente se hace acompañar de la orquesta y los coros infantiles, y crea un tejido acústico inaudito. El tema es épico y conmovedor, al nivel de Popplagið, la versión de Von con violines, Milanó o Gong. La tranquilidad de los cuatro tracks sucesivos diluye el milagro: Illgresi (Mala hierba) es un momento de reflexión para detenerse y analizar lo que ha ocurrido dentro de nosotros, y junto a Fljótavík y Straumnes –una hermosa composición minimalista–, finalizan con All alright, único tema interpretado en inglés.
Með suð í eyrum við spilum endalaust, el nuevo álbum de Sigur Rós de nombre impronunciable, comunica una belleza impronunciable, sugerida por voces de un idioma impronunciable y una introspección de factura exquisita, resplandeciente. Una obra fenomenal. Corran por ella. Y de preferencia, quítense la ropa.
Með suð í eyrum við spilum endalaust Sigur Rós EMI, XL Recordings 2008
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