Homeless Trovadores
En una habitación rosa llena de fracasados borra tus pensamientos reúne el silencio explica la necesidad de lo remoto da detalles de las cifras de la bolsa a las 2 pm costa este
Yasser Musa
“La poesía es el medio más natural de traducir la intuición pura de un instante”, sostiene Michel Houellebecq en una oportuna intervención que viene a cuento por Òxid, revista de poesía publicada desde Berlín con distribución internacional.
De contenido breve, casi un fanzine compuesto de 30 páginas sujetas con un alfiler de seguridad, la edición es una exaltación al minimalismo. En sus hojas, circulan textos de Yasser Musa, María Salgado, José Eugenio Sánchez, José Daniel García, Gloria Dünkler, Cristino Bogado y Luis Carlos Mussó. Los dibujos, de Rodrigo Quiñones, actúan irónicamente: un avión, un asiento con cinturón de seguridad, la leyenda FOR SALE ocupando la portada y contraportada. La coordinación del número corrió por cuenta de Ausiàs Navarro Millet. En los agradecimientos, figura el nombre de Joan Duran, curador de landings.
La octava entrega de Òxid toma prestadas fórmulas de la poesía contemporánea como la fragmentación estilística, la deconstrucción de frases, el empleo de palabras como elementos sonoros que crean ritmos, un desvío formal hacia lo étnico que se globaliza (in)conscientemente, ausencia de la voz del autor para sustituirla por la dicción robótica de una máquina de oraciones, y una postura a favor de la experimentación formal. La poesía es un discurso autóctono, sostiene Leopoldo María Panero, y la máxima se ajusta a las intervenciones de los colaboradores compilados. Se creería que todos viajan desde distintos países y comparten sus experiencias en la sala de espera de un aeropuerto, con la sencillez de quien se despide sin sentir que le pesa el haber dejado atrás los vidrios opacos y los anuncios traducidos a múltiples idiomas para subir a la nave.
“A lo mejor, en el fondo y sobre todo, yo escribo poemas para hacer hincapié en una carencia monstruosa y general (que se puede considerar afectiva, social, religiosa, metafísica; y cada una de estas aproximaciones es igualmente cierta). También, quizás, porque la poesía es la única manera de expresar esa carencia en estado puro, en estado original; y de expresar simultáneamente cada uno de sus aspectos complementarios”, dice Houellebecq de nueva cuenta, y yo tomo prestada la reflexión para explicar que Òxid llena un espacio en blanco dentro de las ediciones independientes que tienen como objetivo ejercer el oficio poético en un mundo extrañamente insensible a los poetas y los libros, toda vez que la poesía representa un monólogo, y un monólogo es una forma de soledad más inmediata que la muerte, y hacer poesía es monologar en los abismos, a media luz entre la montaña y el despeñadero. Luis Carlos Mussó: “Del mástil más elevado de nuestros barcos colgamos negras velas. Velas irisadas, llenas de féretros. Y esperamos en constante vigilia; esperamos completar un mazo de naipes que flote sobre las aguas, en plena IMITACIÓN DE LA GRULLA EN LA QUIETUD ANTERIOR AL GRAZNIDO. Esperamos para no tener que esperar. Y escribimos sobre nuestra espera.”
Henry J. Darger, el artista marginal estadounidense al que María Salgado le dedica un texto –(5) el corazón desplazado. Henry J Darger–, redactó una historia de 15,143 páginas. Òxid juega con los números: 30 páginas + 4 de la portada y contraportada la convierten en una hermanita bastarda de las hermanas Vivians, las niñas que luchaban contra los Glandelinianos en el relato de Darger. Tener el corazón en el lugar equivocado y masturbación fueron las dos principales causas por las que Darger vivió en un hospital psiquiátrico, relata la española. Y suenan como cascabeles las palabras del también español Leopoldo María Panero, uno de los poetas esquizofrénicos más desgarradores que llegó a escribir: La virtud de la palabra es que no es dolor / ni vida sino palabra / que corroen las ratas / los intelectuales que se alimentan de periódicos usados / y lloran como niños ante la nada.
Òxid contiene poemas diversos: desgarrados, minimalistas, musicales, sintéticos, narrativos, cortos y de mediano aliento. Hablar de poesía en la época del calentamiento global se vuelve embarazoso. Nadie la lee, nadie la consume, nadie la toma entre sus brazos, salvo un puñado de gente que forma el noveno círculo del infierno: los trovadores que aún, a la usanza de Houellebecq, perciben el mundo con la intuición. Bajo el entendido de que leer poesía constituye una variante del pecado, la consecuencia lógica del esfuerzo inútil o el perturbador indicio de un mal psiquiátrico, mantener con vida la publicación es un acto heroico, digno de Sísifo. Un Sísifo contemporáneo no llevaría una roca, por supuesto, empujada hacia la cima de una montaña. Llevaría Òxid. Para saludar a los aviones.
Òxid Número 8, Mayo 2009 Lalarva e. V.
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