Caminar por caminar La belleza de un helecho
Al ver un helecho recuerdo el zaguán de la casa en la que viví cuando era niña. Mi mamá consentía a cada uno en su maceta; eran muchos. Ahora mismo podría tocar el timbre, esperar que mi mamá abra la puerta, entrar y pasar corriendo delante de ellos. Entonces, esperaría a que timbrara mi papá... y, camino a la puerta, hacerme grande en el zaguán creyendo que, de verdad, era él quien iba a llegar.
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