 Mujer contra mujer Tengo conmigo un libro que leo tratando de no llamar la atención. Temo que la fotografía erótica de la portada despierte sospechas. Cruzo la pierna y lo apoyo bien abierto en la rodilla. Sentada, con la espalda recargada en el asiento puedo leer perfectamente. Es grande mi temor a que alguien se acerque y pregunte qué me tiene tan entretenida. Levanto la vista; hay bastante gente alrededor. Son casi las 10 de la noche. Todos estamos ansiosos de abordar el avión y llegar a Mérida. Estoy en el aeropuerto de la Ciudad de México en la puerta 14. Ni siquiera han anunciado nuestro vuelo. Paso al capítulo dos, donde Ann O´Leary narra cómo se conocen las protagonistas de su novela: “Fiona le sostuvo la cara con una mano y con la otra palpó delicadamente la ceja. Si el impacto había sido muy fuerte, el hueso podía estar roto. Joanna tenía una piel perfecta; tez aceitunada, muy bronceada y brillante de sudor. Llevaba el cabello oscuro corto y despeinado [...]. Fiona podía notar su aroma salado y vital, con una seductora nota de almizcle”.A raíz de una pequeña herida se da el primer encuentro; ambas quedan fuertemente impresionadas. Así empieza La otra mujer, novela de Ann O´Leary, escritora australiana publicada por la editorial Egales. Evidentemente la traducción se hizo en España; de hecho, hasta el nombre de la colección resulta incómoda: Salir del armario (en lugar de clóset, claro). Y no sé por qué, pero pensé que se trataría de una historia con una buena carga de escenas de sexo, pero no hay tal. La desnudez de las piernas que ilustran la portada es, incluso, sugestiva, de ahí mi temor al escándalo. Sin embargo, todo es muy sutil, incluso la imagen de los muslos y pantorrillas... Caí en la cuenta cuando, finalmente, en la página 86 Fiona y Joanna se dan -por fin- un beso. Ya entendí que el contenido de la literatura lésbica y gay no está ligado, naturalmente, a escenas sexuales. Ann O´Leary es homosexual y escribe de su ambiente. El toque de exotismo en estas páginas está implícito porque ella, la escritora, pertenece a una clase social sofisticada, y es feliz describiendo con exagerada precisión los detalles de la ropa, el olor de los perfumes, el gusto de los licores, la sensación de cabalgar un pura sangre, etcétera... Se da vuelo con todo eso porque así decide construir su novela. En realidad, Fiona y Joanna terminarán comprometiéndose para siempre en la suite nupcial de un hotel en Queensland. Ahí beben champán y hacen el amor cuando ambas se han liberado de trabas existenciales profundas, sobre todo Joanna, quien logró volver a ver a su madre después de 25 años o más en un encuentro lleno de revelaciones y mucha ternura. A fin de cuentas no sé ni porqué al principio me vi en la necesidad de esconder el libro, menos mal que me quité el trauma y lo terminé campantemente en la fila del banco, sólo que sin llegar a descubrir la astucia de Ann, y simplemente me quedé con la impresión de haber sido conejillo de indias en una estrategia de mercadeo, lo cual no me desagrada, pues pese a todo, creo que este género, en particular, está siendo probado en México, y me parece bastante meritorio que se conozca tomando en cuenta la diversidad de autores y títulos disponibles bajo este sello, cuyas promotoras en el D.F. tienen talento suficiente para abrirse paso y cultivar frescos y ávidos lectores. Para más señas, hay que ver su página: www.vocesentinta.com/dist |