Caminar por caminar En el patio de La 68
Llego al cine de La 68 cuando están apagando las luces y empieza a correr la película. Veo sillas disponibles en el lado izquierdo de la sala. Tomo mi lugar en las fila de adelante. Veremos Toro Negro de Pedro González Rubio y Carlos Armella bajo la luz de la luna.
Aun tratándose de un espacio abierto, la gente está en silencio y no suena ningún celular. De pronto nada más se escucha la risa ronca de un destornillado.
En la pantalla, El Negro, como le dicen al Torero Suicida, se viste para salir al ruedo. El documental narra la vida de este hombre lleno de broncas; su madre cuenta que, siguiendo el ejemplo del papá, Fernando empezó a beber a los 10 años. A la hora de que a ella le toca dar la cara ante las cámaras, opone resistencia; está lastimada porque su hijo mayor es un borracho, además, le llega de sorpresa con el realizador de cine y, por supuesto, se pone nerviosa. Para cuando nos presentan este rápido recuento familiar, hemos visto al Negro desafiando a los toros con todo el aplomo de un matador de verdad; nada le divierte más que este oficio en el que arriesga la vida, ya sea que se monte en una silla o se arrodille frente al animal, su apuesta es una buena retribución económica, la cual aparentemente nunca consigue y, sin embargo, se siente orgulloso de su valentía y presume satisfecho cicatrices y heridas.
Ha de haber estudiado hasta tercer o cuarto año de primaria, cuando mucho. Fuma Gratos, y le gustan las caguamas; le dan valor.
Fernando Pacheco, El Suicida, se presenta en las corridas de los pueblos de Yucatán, según el santoral.
El documental se grabó a sangre fría. Las escenas de violencia son auténticas; su mujer lo confronta y agita, incluso llega a correrlo de la casa a gritos, pero siempre con el deseo de una bonita reconciliación, tal como sucede reiteradamente... En otras ocasiones, es él quien provoca el pleito, lo cierto es que los golpes son el pan de cada día entre ellos, y el camarógrafo es testigo.
Paula Haro y Lorenzo Haggerman, directores de La 68 Casa de Cultura Elena Poniatowska, eligieron Toro Negro para inaugurar su programa cinematográfico. Lo mejor es que invitaron a Pedro González Rubio a la proyección, quien frente al público se encontró con un verdadero fan emocionado al borde de las lágrimas con la película.
Todo mundo estaba sorprendido con las escenas de agresividad; que son la mayoría. Dada la escasa distribución de este trabajo, y aunque en el 2005 el documental ya era noticia internacional, aquí en Yucatán sólo se había pasado una vez, justo cuando se inauguró Ambulante en Mérida, hace dos años. Esta vez, nuevamente, la función se dio en el contexto de la gira de documentales.
Fue una noche intensa, realmente. Culminó con la presentación de un avance (7 minutos) de la nueva obra de Pedro González Rubio, ubicada en Chinchorro (Quintana Roo). El guión es el extremo opuesto a su exitoso Toro Negro. En ésta vemos un padre amorosísimo.
La 68 toma su nombre de la calle en la que está; hace esquina con la 55, en el Centro de Mérida.
Como en cualquier sala VIP, alguien (en este caso, una chava) va de lugar en lugar ofreciendo algo de tomar... Después de la función, en el segundo patio, se ofrecen platillos exóticos a precios accesibles, ricos helados y una lista amplia de bebidas.
La fachada luce un rótulo inmenso de colores y, por la entrada al cine, un bordado en punto de cruz tamaño gigante, imagen cautivadora que va muy bien con el espíritu del lugar. ¡Un lujo en Mérida! |