Mi nombre
¡Eusebio!, gritan, y mi nombre penetra todo mi cuerpo. Soy entonces mero estremecimiento apenas una piedrita que dejas caer en el agua. Nazco cada vez que me nombran. Soy yo, una vez más. Es como si todos los hombres fueran mi padre y me dieran la gracia de la existencia. Es como si se me concediera nacer cada momento.
|