Estoy por irme
Quisiera permanecer en ese justo medio, exactamente ahí. Justo en el punto en que no eres el insulso abstemio mediocre ni el briago consuetudinario alcohólico consumado que ayer era montaña de erudición y gracia y ahora apenas berrea las vocales. El justo medio no es propiedad de nadie. Se ríe hasta donde quiere reírse, habla o se calla en el momento que lo considera
preciso, paga cuando hay que pagar y oculta la cartera cuando no le corresponde. Pero no es complaciente con ninguno. En cambio es un experto. Realmente un experto. Parece involucrarse y no se involucra. Parece embarrarse y no se embarra. Bendito sea. Habría sido feliz entre los griegos.
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