Cero amigos
Para Gildardo Montoya
Mis amigos se reúnen a platicar sobre lo que escriben. Cruzan información, intercambian puntos de vista. A partir de ese momento, sé que estoy de sobra. Quisiera abrirles mi corazón. Confesar alguna debilidad por Javier Salvago, poner sobre la mesa mi admiración por Tolstoi. Pero algo se interpone. Un candado sella mis labios, y las palabras me las trago aunque me hagan daño. Los escucho hasta que finalmente me pongo de pie. De mi parte no hay más palabras, menos todavía proyectos literarios, libros o artículos en prensa, el encuentro con algún escritor. Vivo o muerto. Esgrimo cualquier pretexto y abandono la reunión. Camino hasta toparme con la cantina más cercana. Ordeno mi trago e intento conversar conmigo mismo. Pero no de literatura. Agradezco a Dios estos instantes de soledad. Es una ventaja no existir. |