Tlalpan
En Tlalpan escribo este magro libro. Las calles empedradas me recuerdan el paso de caballos y carruajes. El silencio es el gran señor, el amo,
sólo interrumpido cuando los fieles cantan loas al Santísimo. Entonces las calles se pueblan de misticismo. En Tlalpan abundan los sacerdotes,
las monjas, los ancianos y los locos. En su plaza principal se consiguen elotes y raspados, algodones
de azúcar, licor y café de Chiapas. Se recuerda con cariño a Renato Leduc, cuya casa se conmemora.
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