Ecos de una ciudad extinta
Llevo esta ciudad en la sangre. Y ella me lleva a mí. Cada vez que muero, muere ella un poco más. Jirones de esta ciudad de México desaparecen conmigo. Todos los días. Las enfermedades, la desolación, la desdicha todo lo que acecha y paso a paso me destruye, aniquila también esta ciudad que mis ojos contemplaron crecer como si fuera la ciudad un gran espejo. Pues a medida que la ciudad destruye sus jardines, sus calles, sus rincones, yo también muero. Como si yo fuera el espejo en el que la ciudad se contemplara.
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