Poema maldito
Este poema fue escrito para publicarse en un diario. Ex profeso para eso. Como un niño que nace con la mano torcida o la mirada extraviada. Lo sometí a la consideración del editor y él decidió publicarlo. Le supliqué que lo hiciera. Me arrodillé para que lo hiciera. Porque le había prometido a ella —a la que están dedicadas todas las líneas que he escrito— que este poema estaría impreso de mi amor, y nutrido del amor de ella. Así, como se oye. Le prometí que si no ocurría así, si el poema no era publicado, si no se publicaba el poema, nada de lo que hemos hablado, nada pero nada, sería verdad. Quizás habría sido mejor si este poema —si es que lo es, pero eso no importa ahora— hubiera permanecido inédito.
El amor les pertenece
Hay mujeres que nunca estarán en tus manos. No son de nadie. Desfilan delante de nosotros, los varones, enfundadas en sus medias negras, faldas entreabiertas, blusas de escote pronunciado. Caminan parsimoniosamente, dejando en cada paso un poco de ellas y un mucho de nosotros. Es inútil invitarlas a un bar, ofrecerles la mano, regalarles un libro. No son de nadie. Existen para sí. Están fuera del alcance de los hombres. Tampoco se dan a otras mujeres. El amor les pertenece. Y no se arriesgan. Cuando se desesperan o la ira las carcome, montan el potro de la indiferencia.
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