Seamos gente seria
Y dejemos que la vida nos pase de largo. Cero panza, cero arrugas —apenas las indispensables—, cuentas al corriente y el traje impecable. Seamos gente seria y digámosle adiós al amor o critiquemos a los amantes bajo el árbol. Oigamos a los rockeros en el radio —de preferencia con audífonos. Tomemos fotografías —siempre en color y por supuesto los domingos— y los suficientes tragos pero sin perder el estilo. Ah, y no nos olvidemos de respetar el semáforo y los viernes para hacer el amor. Seamos gente seria y que la detestable vida nos deje en paz.
Carta a Bárbara Elena
Amada mía: Cómo no fui yo el empleado que te atendió en la librería. ¿Habrá percibido tu olor? ¿Se habrá dado cuenta de que estaba hablando con una mujer a la que con sólo acercarse cinco centímetros se prende como una gasa al fuego? ¿Habrá visto tus piernas, se habrán entrevisto tras el vestido? —¿te llevaste el vestido estampado? ¿Habrá adivinado la forma de tus muslos, la carnosidad de tus senos? ¿Te tocó? ¿Rozó tu mano? Eso sí no lo soporto. Me pone fuera de mí. El solo hecho de imaginar que otro hombre te toca, te huele, te mira, se aproxima a ti, me crispa y provoca un derramamiento de adrenalina. Pero dime, ¿te expresó algo con la mirada? ¿Te dijo que regresaras? —ahí está la clave de los futuros amantes. ¿Te sugirió otro libro mientras atisbaba en tu escote? ¿Te agachaste enfrente de él? Estoy loco por ti, Eusebio. |