Andanzas ensebianas En el Negresco
Para Marisol, por su paciencia
Estoy rodeado de mujeres hermosas. Algunas pesan 90 kilos, otras miden uno cincuenta y tres de puntitas. Pero todas tienen en la mirada un dejo de piedad de misericordia por este atroz bebedor de tequila blanco. Nada viene a mi cabeza en estos momentos salvo la decepción. La mujer que amo no es mía y yo mismo no soy de mí. Mi lugar está en la cloaca, en esa maravillosa alcantarilla que es subterfugio. Por eso estoy aquí. A la espera de que un alma piadosa se siente a esta mesa, pida un tequila doble y me inocule cierta alegría de vivir. ¿Es mucho pedir para hombre alguno?
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