Andanzas eusebianas Higinio Ruvalcaba
“Cada padre que se muere deja abierta una puerta.” Thomas Bernhard
Para mi hija Flor Para mi madre Carmela, pianista, amante y compañera espiritual de mi padre Para mi hermana Marthita
III
Anoche se me apareció mi padre. Tiene treinta y un años de muerto Y se me apareció anoche. Venía de traje, con su chaleco guinda y su boina azul. Venía de buenas. Traía su violín en la mano, y en la otra las llaves del coche. Venía de buenas porque sonreía. Sonreía como un corderito. Me dijo que venía a devolverme mis lágrimas, que no llorara más por él y menos interrumpiera mis sueños por su recuerdo. Que en realidad no valía la pena y que así era la cosa. De pronto se quedó callado, se echó a llorar y exclamó: “No me hagas caso”.
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