Diarios irreverentes King Kong (2ª versión)
Para mis hijos Alonso y León Ricardo
Larga paz a tus huesos, King Kong, y que el levísimo rubor de las mujeres rubias sea contigo.
Cual guerrero proveniente de aquellas sagas islandesas, fuerte y solitario, cambiaste tu reino por un amor que ni la más atormentada de las óperas habría vislumbrado jamás.
Abusaron de tu ternura, de tu flagrante ardor y de aquello que poetas y cineastas llaman condición humana.
Gloria a ti, King Kong, que no titubeaste en seguir la dulce y trágica llamada del destino.
|