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 | | Eusebio Ruvalcaba |
| La noche de Coral (VIII - X) |
| Eusebio Ruvalcaba |
Andanzas eusebianas La noche de Coral (VIII - X)
VIII
No concibo a Coral sin la noche. Ni a la noche sin Coral. Coral sabe a noche. Es la noche. Por eso su caminar es imperceptible. Quiero apropiarme de ella y no está donde está. Pisa sin pisar. Mira sin mirar. Me toca sin tocarme. Digo que la noche es quien propicia todo esto. Si no hubiera noche nada de esto pasaría. De noche todo se escucha como si fuera el pulso del mundo. Por eso los ruidos nocturnos perturban la conciencia. El corazón mismo no es más que otro ruido en la noche. El más siniestro de todos. Coral misma no es más que otro ruido en la noche. El único que identifico. El corazón de la noche es la noche misma. Dicen los poetas. Porque no conocen a Coral.
IX
Siempre me he sentido vulnerable en la noche. Tal vez por eso mis sentidos se alertan. Sé que voy a morir en la noche. Que voy a morir en el cuerpo de Coral.
X
Es como si la noche fuera el altar del amor. Y Coral la sacerdotisa. Todo entonces es ritual: la cama, las sábanas, el vino. Los olores, los jadeos, las piernas y los brazos. Todo entonces es ceremonia. La desnudez como un corazón de fuego. La luz que emana de ese corazón permea todo alrededor. Nada hay simple ni sin sentido. Todo está donde debe estar. Todo está porque ahí tiene que estar. Yo me arrodillo.
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