Andanzas eusebianas Todas las mujeres son mi madre
Para Francisco Castañeda
Soy experto en llorar delante de las mujeres. No hay antes ni después, pero todas las mujeres son madres. Bebes un trago con ésta, bebes un trago con aquélla, y de pronto las lágrimas sobrevienen. Como cuando se rompe el grifo del lavabo. Entonces aquella mujer se apiada de ti, se compadece de tu frágil naturaleza, y su corazón —ese duro, artero y cruel corazón— se reblandece —¿has visto el corazón de un venado?, es igualito—, y aquella dureza se torna dulzura, y, aquella incomprensión, amor espontáneo, besos en la oreja colmados de ternura y paciencia. No hay mujer que resista este embate. No están preparadas para eso; capacitadas, sí. Todas las mujeres son mi madre. Chicas o mayores. El siguiente paso es mostrar fortaleza. Aquella mujer es tuya. Llévatela.
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