Andanzas eusebianas Un hombre a quien Dios le dijo toca
Para mi hija Érika Coral
Unos dicen que se suicidó y otros que su esposa lo asesinó. El punto no es ése. Kurt Cobain era su nombre. Dejó un hijo —hombre o mujer, no importa—, y su música es un océano sonoro, como cuando se distingue un tsunami desde lejos. Que se acerca poco a poco. Nadie que sea devoto comparte esta opinión: ¿a un drogadicto, a un vicioso, a un/ a un/ a un/? Dios no le ordenaría nada. Pero Dios le ordenó tocar. La cuesta fue mortal, a contracorriente, con nada a favor. Como un ciego que quiere cruzar una avenida. Con todo en contra. Salvo su genio. Escuchas “Smells like teen spirit”, y aquella música, aquel terremoto te levanta por los aires y das gracias por sentirlo. Nadie habría supuesto que iba a ser músico. Porque tenía todo en contra. Todo a favor del vandalismo y la pereza. Pero Dios se lo ordenó.
|