Diarios irreverentes Algunos jóvenes manifestantes...
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Algunos jóvenes manifestantes se nos unieron. Nunca los consideramos como parte nuclear del grupo, pero sí nos ayudaron mucho. Alux, Gringa, Macanas y Pitufina acudieron a muchas reuniones. Les agregaron sabor. En algunas ocasiones, cuando era necesario tomar decisiones importantes, no les avisábamos. La realidad es que eran más políticos que artistas. Aun así, nos ayudaron mucho, sobre todo a la hora de difundir o divulgar una campaña. El único episodio lamentable fue cuando Ixchel reconoció un guión breve de Macanas que había sido inspirado en un cuento de Arreola. No sé si el cabrón quiso impresionarnos o vernos las caras de pendejos, pero lo cachamos y según lo acordado en el Manifiesto, incendiamos todo lo que había escrito con nosotros. Fue un episodio lamentable. Los “nuevos” nos tacharon de salvajes, no hubo forma de convencernos de lo contrario. Topo lo echó todo a la fogata, y terminaron a golpes. Hubo ciertos vientos de inconformidad las siguientes reuniones, pero todo se olvidó rápido.
Esas semanas sacamos varias campañas de menor importancia. La primera era una propuesta para obligar a uniformar a todos los ciudadanos con traje gris. Argumentamos, con la ironía de siempre, que evidentemente la diversidad de pensamiento no nos estaba llevando a ningún lado. Redactamos algunos cuentos y poemas al respecto. Expresamos que el problema de la tolerancia se podía solucionar en un abrir y cerrar de ojos: había que crear un estereotipo de hombre y apegarnos a él. Uno de los eventos más hilarantes fue la “Fiesta del queso”. Gafas tuvo la idea. Nos disfrazamos de menonitas y repartimos bolantines por toda la ciudad invitando a la gente a acudir al gran festival del queso: un espacio de convivencia donde se expondría el trabajo de granja. Desafortunadamente para ellos, se toparon con un plato, un trozo de queso panela rancio, y un letrero burlón. No todo es lo que parece ser, pero que fácil resulta serlo.
Hubo otros proyectaros que tuvieron menor alcance. Gafas hizo un remix del debate por la alcaldía. Sustituyó las voces de los políticos por distintas tonalidades de la suya. Mofeta realizó otros pequeños performances, como siempre, en torno al lado absurdo de la religión. Ixchel y yo nos juntamos para hacer una especie de cómic sobre un hombre adicto a las nuevas tecnologías. Ella tomó las fotos, juntos inventamos la historia, y yo escribí los diálogos. Topo estaba muy apendejado. No se perdía una reunión por nada del mundo, aunque estaba dejando de producir. Las drogas y los tragos comenzaban a entorpecer su labor creativa. Sin embargo, la situación no era tan consternante como para llamarle la atención. Además, cuando el cabrón estaba pasado, era tan gracioso como para asfixiarse de la risa.
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