Entre unas letras y unas rosas hay semejanzas maravillosas…
Eugenia Montalván Colón
Cada uno de los que fueron llegando a unas letras industria cultural parecía más contento que el que le precedió, y en la medida que cruzaban el vestíbulo hacia el jardín, y saboreaban el dulzor del coctel, fue animándose la noche.
Sin conocerse, José Luis y Eduardo, de pronto se encontraron hablando animadamente de la indispensable necesidad de convivir con una zarigüeya, e incluso dormir con ella; más allá, en el rellano del jardín, al amparo del único árbol de la casa Mr. Govela platicaba con sus sobrinos, mientras Pilar, Tere y Celia admiraban la grandeza de las palmas reales, de mucho menor tamaño cuando el huracán Isidoro, que por azares del destino Tere pasó conmigo en esta casa. |